Vivir al borde del colapso

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Agobiado por una enfermedad pulmonar, a  Alfonso  Redlich el olor putrefacto de los líquidos cloacales que corren sin control por las calles de tierra del barrio 05 le juegan en contra. Mira por la ventana con ojos vacíos de ver el mismo paisaje y maldice a todos los políticos que gobernaron Puerto Deseado, la cuenta no es larga ya que todos acusan más de un mandato, desde Luís Ángel Diez hasta el actual Luís Ampuero, sin olvidarse de Evaristo Arturo Rodríguez.

“Somos unas 30 familias que vivimos aquí y hace años que pedimos una solución urgente, queremos que hagan un último esfuerzo y construyan las cloacas, estamos aburridos de vivir en medio de esta mugre”, declara, y acota que  por las condiciones del terreno rocoso, los pozos ciegos de las casas son poco profundos y se rebalsan;  “por lo menos 4 veces al mes tenemos que llamar al camión atmosférico para que lo vacíen, cada viaje sale 400 pesos,  y no hay sueldo que alcance, al menos en mi caso que soy jubilado tempranamente”, sostiene.

Para Alfonso no hay intensión de solucionar la falta del servicio y considera que solo se busca dilatar el tiempo. “Cuando asumió Diez había presupuesto para realizar la obra, pero no quiso, o no le interesó, después hubo una promesa con Arturo Rodríguez, pero tampoco pasó nada, y con Ampuero menos;  todos tienen la misma canción, imposible creerles”, dispara.

Actualmente en lista de espera para un transplante de pulmón relata que los médicos que lo atienden le recomiendan que no salga a la calle. Cualquier bacteria de las miles que hay en el ambiente fétido del lugar podría ser fatal y lo sabe. No se arriesga.

“Aquí los días de lluvia los restos de materia fecal inundan las calles, los chicos no pueden salir a jugar, no sé todavía como se hace para soportar esto”, se pregunta resignado.

 “La obra es muy cara”

Una cuadra más arriba sobre la calle Calafate la situación parece agravarse, con los ojos enrojecidos por la impotencia, una vecina se oculta detrás de unos escombros mientras fluye el líquido inmundo de un pozo de 80 centímetros rebalsado. “No quiero hablar, perdoname”, le implora a esta cronista y continúa;  “siento mucha vergüenza por todo lo que nos pasa, la semana pasada me agarró un cuadro de estrés, no es fácil vivir aquí y ya no sabemos qué hacer”, señala llevándose las manos hacia la cara en además de cansancio.

Comenta que el gobernador Daniel Peralta les dijo que ninguna empresa quiere hacer la obra “porque es muy cara, hay mucha roca y tienen que cobrar el triple. Explicó que hasta cierto monto podía poner la provincia pero que las empresas quieren cobrar una fortuna. Parece que no hay solución, tendremos que seguir así con paliativos mientras se hacen obras que no tienen ninguna utilidad”, señaló acobardada.

 

 

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